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sábado, 6 de enero de 2024

Receta: Vivir


A la larga todo termina.

Las cosas buenas y las malas. Las que te perturban, las que te molestan, las que te entristecen.

Todo tiene principio y final aunque no sepamos verlo. Aunque quede tan infinitamente lejos.

Como ese desayuno en una vereda cualquiera en un día cualquiera.  

Mis desayunos, ese momento del día que amo más que nada. Que agradezco con toda mi alma. Sea en casa o  en cualquier esquina del mundo.

Poder parar. Levantarse a la mañana y saber que tienes café y algo de pan para hacerte unas tostadas. O que puedes bajar a la panadería.

O simplemente salir,  buscar una cafetería y tener la certeza que puedes pagar un desayuno aunque el mundo se caiga a pedazos, se estén matando o haya gente que no pueda comer.

Agradecer que yo. 

Yo, con todos mis gastos, mis cuentas a pagar, mi mes por delante, pueda disfrutar de ese momento.

Parece una farsa. Agradecer eso. Pero agradezco tantas cosas cuando  mi cabeza se empieza a llenar de neblina y parezca que la oscuridad quiera avanzar.

Agradezco que mi pequeño mundo siga como está. Que vaya hacia adelante, que esté lleno de planes. Por muy difícil que se ponga.                     O como yo lo perciba. 


                      El futuro desmenuzado
       Como un desayuno a punto de terminarse. 
             En el fondo feliz de poder tenerlo.

jueves, 28 de enero de 2021

Cuando...


Cuando veinte minutos parecen una eternidad soñada...

Cuando ante tanta modernidad extrañas el sabor de imágenes sencillas y delicadas...

Cuando la vorágine de la vida te alcanza y quieres darle la espalda...

Cuando la vida es demasiado corta para las personas que amas...

Cuando...cuando te das cuenta mirando ese simple café...que somos una mancha minúscula desapareciendo cada día un poco más entre las manos del destino...

Cuando...

Cuando lugares hermosos te dan respiro durante horas...




miércoles, 7 de agosto de 2019

Fronteras Exprés


Cruzar el Río de la Plata desde Buenos Aires a Colonia (Uruguay) son sesenta minutos en los que vas sentadito en una pedazo de sala como si estuvieras en el cine. 
Yo ni me moví. Así que no vi ni las tiendas ni los baños. 
A veces creo que mi poca curiosidad en ciertas cosas, hace que luego no pueda responder a según qué preguntas...pero es que soy así de cazurra. 


La visa de mi pasaporte llevaba más de un año vencida. En inmigración me hicieron pagar una multa para poder salir del país. Sí. Como leéis: Si eres inmigrante ilegal y quieres arreglar tu situación, sal del país y vuelve a entrar. 
Así que yo con mi recibo pagado, salí de Argentina.

Este "movimiento" me lo aconsejó una funcionaria del "Estado". Me aseguró que no me pasaría nada, que pagara la multa, que saliera a Uruguay y volviera a entrar.
Naaaa...una tontería muchachos!
Y al volver a entrar, obvio, tendría tres meses más de visa para empezar de nuevo con los trámites de la residencia. Si queréis saber la verdad, no las tenía todas conmigo.
Salir, fácil. Entrar...ya veríamos.


Colonia es bonita. Tiene un casco antiguo que me recordó a muchos pueblos de Cataluña y de España. Claro que durante años España y Portugal se estuvieron disputando este trocito de tierra y lo iban construyendo y destruyendo cada vez que desembarcaban los putos colonizadores.


Pero bueno, no vine aquí a hablar de esta bonita ciudad. Sino de mi regreso a Buenos Aires y la aduana. 
Me acompañó un amigo, nada preocupado por mi situación. 
Yo en cambio iba pensando en el momento, que el de inmigración me dijera que no podía volver a entrar y que debían  deportarme... ¿Cómo lo harían? ¿Me pagan el billete de avión? ¿Me marcho sin maletas? ¿Sin nada? ¿Dejo todo lo que tengo en Buenos Aires? Fuera bromas, yo no soy dramas...o  soy poco dramática, pero esto no me hacía ni pizca de gracia.

Pero me di cuenta en aquel momento de la suerte que tengo y que tenemos muchos europeos blancos.
Ocho y media de la noche, tres personas solamente en la fila. Doy el pasaporte, mira mi foto. 
Gira las hojas...se queda en la última entrada...Me mira...y me sonríe...¿Qué pasó Judit? 
Yo que le miro y no me sale nada que decir. 
Mi amigo que le dice: Hola! vamos juntos... 
El tipo que sonríe. -Ah! van juntos...
Agarra el sello y bum! Que tengas buen viaje Judit. Y me vuelve a sonreír.

¿Qué fue eso? Pues yo os lo digo amigos. Soy una mujer blanca, anodina y con acompañante argentino, también blanco. Mi pasaporte es español. No se puede comparar al pasaporte yankie, pero aquí tienes un plus. 
Porque todo el mundo ama a los españoles. Aman el continente Europeo. 
Increíble pero cierto.

Me he preguntado mil veces qué hubiera pasado si hubiera sido una inmigrante ilegal, con la visa vencida de un año, pero en lugar de ser blanca y de facciones corrientes, tuviera la piel más morena o los rasgos indígenas. 
O fuera negra, con el cabello de negra. 
¿Me hubieran sonreído? 
Evidentemente que no. Si hubiera sido negra como el azabache, con mi pelo rizado y mis documentos al día, me hubieran tenido igualmente un rato más largo comprobando que no llevo nada "sospechoso" dentro de mi bolso. 

Cuando leo en Internet, comentarios sobre que los blancos no tenemos "suerte" ni somos privilegiados por ser blancos, una parte de mi ahora se indigna. 
Porque sí. Tenemos priviliegios. Y es así. Y es lo que hay. Tenemos suerte porque vivimos en un mundo creado por blancos y con  leyes hechas por blancos. Y aunque nos parezca extraño tenemos más privilegios y más posibilidades que otra gente que no tiene nuestro tono de piel. 

Y aunque desde nuestra realidad, que puede ser una porquería, quizás lo estemos pasando mal, no tengamos trabajo, tengamos deudas...lo que sea que nos pase. Desde nuestra realidad, puede ser que no veamos "privilegios" por ninguna parte. 
Pero lo cierto, es que los tenemos.

O así lo percibo yo desde mi experiencia.
Desde mi experiencia de inmigrante ilegal durante más de un año. Desde mi condición de blanca anodina que paso desapercibida en cualquier aduana, en cualquier calle, en cualquier país donde voy.
En cualquier país que visito.

Es una realidad y aunque me siento afortunada por ello, hay una parte de mi que sigue creyendo que estamos en un mundo de mierda, donde no somos capaz de empatizar con las personas de nuestro alrededor, de sus muchas y diversas realidades. 
El tema de la inmigración es realmente complejo. Pero yo, que ahora soy inmigrante, que me tratan de lujo en este país. Que no tengo grandes problemas. Sí pienso en esa "clase" de inmigrantes que a parte de tener problemas cotidianos de todo tipo, añade el tono de piel y el país de origen.
Cágate lorito.
Obvio que no todos somos iguales. 
Y eso es muy triste. 


jueves, 6 de junio de 2019

De introspección



Me siento en un Havana y me pido un cortado con un alfajor de chocolate blanco y nueces.

En inmigración hacen paro. Nada nuevo en este país. El trayecto de tren normalmente es de veinticinco minutos y hoy fue de una hora. Nadie te da una explicación. La gente lo asume todo con una tranquilidad que aniquila cualquier atisbo de queja. Todo el mundo sigue absorto a su pantalla de móvil. El silencio sólo se rompe con los múltiples vendedores ambulantes que llenan los trenes y subtes de esta ciudad. La gente que no quiere delinquir y no tiene ni tuvo jamás un trabajo remunerado son los vendedores autónomos de los chocolates, panecillos, bolígrafos y enseres varios.
Y cada día es lo mismo en cualquier punto de la ciudad.

Me tocan las narices los de inmigración. Funcionarios que seguramente también tienen derecho a quejarse pero que sólo consiguen mi indignación porque parece ser que hay personas que se cagan en el tiempo, el trabajo y el salario ajeno. Nadie avisa. Paros no programados. Colas infernales.
No atienden señora, están de asamblea. La puta madre.
Nada, toca volver otro día.

Mi visa caducó. Y mi DNI argentino de extranjera temporaria, también. Hace ya bastante.
Nunca pensé que sería una inmigrante ilegal.
Es el pez que se muerde la cola, necesitas un trabajo para la residencia y necesitas residencia para un trabajo.
Y es lo que hay.
Voy a tener que hacer un millón de trámites.
Y pagar una multa por estar de ilegal en el país.
Aún así, no me preocupa demasiado.


viernes, 1 de febrero de 2019

Del feísmo al Caligulismo *




Cuando abrí la cuenta de Instagram me dije que sólo la utilizaría para el trabajo.
Bueno, trabajo y mis perros. Me olvidé de que vengo del mundo de los blogs.
Escribir y comentar lo llevo interiorizado desde que perdí toda la vergüenza.
Siempre he intentado comentar con el máximo respeto posible. Si no estoy en nada de acuerdo con algo que leo la gran mayoría de veces ni comento y si lo he hecho o hago es  porque hay algo que me chirría, pero repito, creo, creo, que siempre he intentado ser respetuosa.

Comprendo que todos hemos recibido una educación diferente y procedemos de ámbitos diversos. Hay gente más abierta de mente y gente muy cerrada.
A veces no es fácil ser objetivo y pensar en el:  ¿cómo no puede ver algo tan sencillo?
Pero lo que yo veo no es lo mismo que otro ve.

Pareciera que las redes sociales en su momento nos iban a unir más. Acercar a las personas.
Crear comunidades afines a uno. Pero lo que se ha conseguido es algo innato del ser humano: La crueldad. Disfrazados tras un avatar, desde el anonimato que nos crea estar sentados tranquilamente en algún lugar y tecleando la pantalla del móvil nos hace creer que somos poseedores de la verdad más absoluta.

La inmediatez y la ignorancia es otra gran deficiencia de este siglo que se ha adquirido a pesar de tener google a mano y poder verificar, indagar, buscar y sobre todo contrastar información.
Lo más fácil es creerse lo primero que te cuentan. Y seguir al "follonero" riéndole las gracias y apoyándole en sus desacreditaciones.
Se origina en un momento determinado en un post, un lanzamiento de bombas ofensivas a diestro y siniestro sin control ni supervisión y la gente se queda tan ancha. Es muy triste.

Otra cosa que veo muy a menudo es la envidia. Todos sentimos envidia alguna vez y en nosotros está saber reconocerla, aceptarla y controlarla. Pero la gran mayoría ni siquiera creen que esa emoción va con ellos.
Se escudan en atacar a algo o a alguien en particular y no ven que la razón de toda su maldad radica en la envidia que sienten.

Lo peor de todo es que estamos en una Era donde las personas hemos dejado de hablar para discutir.
No importa lo que diga el otro, nosotros tenemos razón. Y ahí se terminó.

Hemos vuelto a la caza de brujas, al circo romano.

Pero muchísimo mejor. Porque no vemos sufrir al susodicho.
Está detrás de una pantalla, podemos echarle todo nuestro odio, nuestra fustración, nuestro mal día. Escribimos barbaridades, insultamos y vomitamos nuestro rencor.
En un segundo cambiamos de cuenta, miramos un paisaje, un perrito lindo, leemos un chiste y
dejamos nuestra mierda en la vida de otra persona pero no importa.
Porque es online.

Y yo me pregunto ¿se lo diríamos a la cara?

Dicen los "listos" que en la red estás expuesto. Y yo respondo: en la calle también. Y nadie viene a decirte que esa chaqueta a cuadros es un asco o que te laves la cara de maldito.
¿Qué nos da derecho a insultar, desacreditar o hablar mal a alguien? Por el simple hecho de estar en una cuenta de Instagram, facebook, twitter...Vuelvo a repetir: ¿se lo diríamos a la cara?

La respuesta evidentemente es NO. No se lo diríamos. Ni se nos pasa por la cabeza.

Conclusión: QUE ALGO SE PUEDA HACER NO LO HACE CORRECTO.

Que el mundo se va al carajo.
Que la "peña" es muy maleducada. Insensible e ignorante.
Que la locura se adueñó de la gran mayoría y ni siquera somos conscientes de nuestra crueldad.
Ojalá esto cambie. Pero el día a día me dice que esto no ha hecho más que empezar.


*Frase original de Fernando Bañó

martes, 29 de enero de 2019

Imaginar.




Lo primero que me viene a la mente estando en medio del campo es lo desconectados que estamos con la naturaleza los seres humanos. Al menos yo.

La pena es que nos hemos acostumbrado tanto a las comodidades y a convivir con cero bichos y demás climatologías fuera de nuestras ventanas que cuando pasamos unos días ahí en plena montaña todo nos molesta y todo nos fascina. Los mosquitos y pequeños insectos son lo que peor llevo.
Voy a todas partes con el flis-flis ese anti-todo.
Por otra parte, lo que me alegra de mi misma y mis avances hacía estar más calmada, es que ya no reputeo. Recordaba un viaje que hice con mi primer noviete a Aigüestortes...Dios! me  pasé las excursiones histérica perdida por culpa de los mosquitos, los tábanos y el calor...
Ahora, cada vez que voy a algún lugar intento ir lo máximo de preparada. Será la edad.
Me da lo mismo ir cargada de cosas hasta los topes si sé que no me faltará de nada.

Eso sí, la tranquilidad de estar en medio de la nada no tiene precio...jeje...No escuchar ni un solo auto.
El pueblo más cercano a más de cinco kilómetros.
Ni ruidos grotescos propios de las grandes ciudades.
Sólo los grillos, que cuando son tantos ni molestan. El espectáculo que dan las luciérnagas. El rechinar de los caballos y el mugir lejano de alguna vaca. Me estoy haciendo mayor a zancadas.
Podría pasarme el día sin hacer nada. Nada. Mirando los árboles mecerse, ver como el viento mueve sus hojas. Extraordinario.

Y lo que es un gustazo, ver a mis perros correr sin parar, revolcarse en la hierba, jugar.
Su cara de felicidad casi supera la mía.

Cinco días en medio de la nada, muchas veces sin luz, con humedad, con lluvia, con mosquitos... pero con la sensación de que todo es mejor sin tantas historias como nos hacen creer que necesitamos.(bueno...el flis-flis si...jejejeje)

Quizás sólo es una percepción imaginaria de cinco días de descanso. Igual es eso. 




jueves, 3 de enero de 2019

2019


Tres días después del cambio de año.
Evidentemente no me siento diferente. No sé si tengo o no propósitos. No es cierto.
Escribí algunos. Emocionada por leer cientos de propósitos ajenos en Instagram.
La nueva plataforma (para mi) que me ha abducido y me quita demasiadas horas al día innecesariamente. Otro propósito sin apuntar: dejar de mirar Instagram y aprovechar el tiempo en otras cosas más productivas que no chusmear con vidas ajenas.

Bueno, de hecho entré en el blog para decir que pasó otro año más.
¿Cuándo llegué aquí? ¿A este hemisferio?
Debo echar cuentas para recordarlo...
Sólo recuerdo que mi vida era un poco caos. Un revoltijo de sentimientos.
De la necesidad de infinidad de cosas no concretas.
De comprender. De escucharme. De entender.

No sé si lograré nunca entenderme ni escucharme ni comprenderme a mí o a este mundo...
Pero lo cierto es que aquí continuo.
2018 ha sido un año de calma.
De la más tranquila y absoluta calma. Eso está bien.  Creo.

A este 2019 le pido que conserve esa calma. Que aunque el viento se torne huracán y pueda haber lluvias torrenciales y temperaturas inestables...que la casa mantenga esa serenidad.

Mantengamos esa tranquilidad, por ahora, un tiempo más.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Pender de un hilo




Museo Sivori
Museo de Artes Plásticas Eduardo Sivori
Parque Tres de Febrero, CABA



Hace unos días escuché una conversación entre dos personas en una cafetería. Estaban súper enfadados. Uno tenía un amigo en España y hablaban sobre como esta persona se quejaba de lo mal que estaban las cosas allí. Discutían que no podía compararse con la pobreza aquí en Argentina.

Cuando me preguntan a mi...a veces no sé qué contestar para no ofender. 
No. Sinceramente España no se puede comparar a Argentina. Aquí hay pobreza. La ves en todas partes. Ves los niños en la calle pidiendo. Muchos. Demasiados.
Y las "villas miseria" que se llaman...que te parten el alma. 
No. No podemos compararnos aunque las cosas vayan mal. 

Yo vivo en un barrio de clase media normalita. Y la miseria también reside en este barrio que todo el mundo dice que es bastante concheto (pijo). Donde se están poniendo por las nubes los alquileres y la venta de los apartamentos. Donde alquilar un local ya es cada vez más difícil. 

Pero cuando paseo a mis perros, encuentro cada día gente durmiendo en las esquinas. 
Gente joven, muy joven.  
Y gente muy mayor. 
Y camino y si no es un perro abandonado es una persona abandonada...
Recojo perros y los transito. Como hacía en mi casa. Y es un no acabar, porque al final tengo la misma vida que tenía allá...A veces pienso que uno "escapa" de algo, pero no lo consigue del todo.
La esencia no se pierde, por mucho que intentes sacudírtela a manotazos. 

Durante toda mi vida, muchas veces no he hecho cosas por vergüenza, más que por miedo. Vergüenza. Qué palabra estúpida y bochornosa. ¿Vergüenza de qué? Siempre pensando en...¿los demás? ¿ en la gente? ¿en la estupidez humana? Pues sí. Muchas veces, dejé de hacer cosas por eso. 
Me alegro de que la edad te quite prejuicios. Aunque debería ser más drástica todavía. 
Pero está bien. Así está bien.

Maduixa es uno de los perros que debería estar en adopción y no sé si al final se va a quedar en casa.     Me gusta Maduixa porque tiene "algo" con las personas que me emociona. Las ama. Sean quienes sean. No las teme. Camina dando saltitos feliz como una perdiz, mirando a los ojos de la gente que pasan a su lado. Si alguien le dice algo, ella se acerca corriendo y les da lametones. 

Con la gente que está sentada o echada en la calle, se acerca despacito. Con cuidado. Los mira y si ellos le corresponden a la mirada ella parece sonreír. Y se acerca para besarlos. 
Todos sonríen.
De verdad, que a veces se me para el corazón y me pondría a llorar. 
Con Maduixa he aprendido a acercarme a muchas de estas personas y llevarles comida. A veces es un desayuno caliente. Otras veces una bolsa con diferentes alimentos. 
Ella les da los mimos y yo aporto algo que es insignificante y que no arreglará su vida. 
Pero sí, esa parte del día. 

 Aquí, en Buenos Aires, hay mucha gente que se acerca a alguien que vive en  la calle a darle comida o llevarles un café caliente. Lo he visto muchas veces. En España jamás vi a nadie hacer algo así. Seguro alguien lo hace, no voy a generalizar. Pero aquí...aquí lo he visto seguido. 

Obvio, la mayoría es indiferente. El problema es real y existe. La miseria está en todas partes. 

Pero aquí, aquí he visto los ojos de un niño, un niño de no más de diez o once años, sentado en el suelo, fumando con la mirada perdida, como si tuviera cincuenta años...¿qué le pasa a la gente?
¿Qué pasó con gran parte de la sociedad? ¿Ese es nuestro futuro?

A veces duele demasiado mirar. 

Lo que me hace pensar que nadie está exento de perderlo todo. Que nuestra vida, siempre, siempre, pende de un hilo. Aunque nos parezca que jamás nos pueden pasar ciertas cosas.
La vida es un hilo demasiado fino y quebradizo como para desecharla con estupideces.
Me lo digo a mi misma.